La conversación global sobre el residuo textil vive un momento decisivo mientras gobiernos, organismos y entidades regulatorias redefinen el residuo; qué constituye un recurso y qué flujos pueden circular en comercio exterior.
Las definiciones de residuo textil determinan qué materiales se valorizan, quién puede comercializarlos y dónde se distribuyen los beneficios de la economía circular.
En T_Neutral como empresa con años contribuyendo a la conversación sobre la revalorización textil; observamos el debate con claridad. El futuro de la circularidad está en juego.
El poder de las definiciones
La clasificación del textil como residuo o recurso tiene consecuencias en exportación, rutas comerciales, Responsabilidad Ampliada del Productor y valoración económica. En un contexto donde muchas políticas se redactan en países y organizaciones del hemisferio norte, la definición dicta quién decide sobre el textil.
Esta realidad regulatoria y de poder se enfrenta a la realidad paralela del conocimiento sobre circularidad textil. Gran parte del conocimiento práctico y del potencial real de recuperación y reutilización reside en el sur. Existen vastos ecosistemas (muchos formales aunque, en su mayoría, informales) que prolongan la vida útil de millones de prendas a través de los flujos de exportación del norte.
Sin embargo, los marcos regulatorios suelen elaborarse sin la participación directa de los territorios donde se concentra la gestión del flujo postconsumo textil y su final de vida a escala global. Esto implica que las personas y organizaciones que manejan grandes volúmenes de residuo textil tengan una capacidad limitada para influir en las normas que afectarán a su actividad y, en consecuencia, carezcan de la posibilidad de planificar y asegurar los recursos necesarios para desarrollar ecosistemas locales de recuperación y gestión circular dimensionados a su realidad y orientados a sus propios objetivos de prosperidad.
Protagonistas de la circularidad textil
En lugares como Chile, Kenia, Ghana e India se realiza una labor gigantesca de recuperación de textiles. Estos países son centros activos de clasificación, reutilización, reparación y reciclaje como parte de su economía local. Allí se generan empleos, innovación y cadenas de valor alrededor de las importaciones de textil usado provenientes del norte, las cuales incentivan la economía local y visten a millones de personas. Aun así, esta labor, además de toparse con las limitaciones para la adecuada gestión del residuo, rara vez se mide o reconoce formalmente, lo que limita la visibilidad global y la participación en decisiones clave.
Prolongar la trazabilidad de los flujos postconsumo de textil hasta los países receptores, de modo que la medición pueda realizarse con métricas comparables y verificables y mediante metodologías auditables, es fundamental para el éxito tanto de las regulaciones como de los proyectos de gestión y valorización textil impulsados desde Europa. La economía circular requiere una colaboración global y una transparencia acordada entre todas las partes; solo así será posible estimar adecuadamente los recursos necesarios y reconocer el papel esencial que desempeñan los actores del hemisferio sur en la gestión del flujo postconsumo.
Cooperación como respuesta
El comercio exterior puede ser ético, transparente y beneficioso para todas las partes, bajo reglas equitativas y trazables. La prohibición no es una solución; la colaboración sí. Para una circularidad óptima se requieren mesas globales donde todos los actores participen.
En T_Neutral nuestro compromiso está en que ningún textil termine como residuo; que la valorización sea una oportunidad económica, ambiental y social; que la circularidad sea global, colaborativa y justa; y que la tecnología para la medición y transparencia sea accesible, como base fundamental del cambio.
A lo largo de las dos fases del piloto Undressing The Planet hemos comprobado que un sistema textil circular es posible, hemos localizado actores locales líderes en sus comunidades, testado en el terreno herramientas digitales que permiten medir los datos necesarios para valorar su actividad, impacto social y ambiental y valor del servicio ambiental además del económico.
Rediseñar el modelo hacia un futuro circular ya no es utópico, es realista, efectivo y necesario.

